ESPECIAL/EL NUEVO HERALD
Publicado el domingo, 11.06.11
Por Joaquin Badajoz

Una isla tomada estará siempre contenida y definida en su a(isla)miento, como un quiste en medio de la geografía mental, una Numancia amurallada por la retórica de turno. Esa “resistencia” ya ha sido documentada por José Angel Vincench (Cuba, 1973) en una obra temprana, De la resistencia al Folklore, parte de La huella simbólica (1995); una serie en la que se define la estética del artista, entre el arte matérico e instalativo tradicional y una exploración bidimensional que podría llamarse abstraccionismo figurativo -desarrollada extensamente en collages y lienzos de No creas en la mitad de lo que oyes sino en la mitad de lo que vez (2006), Abstracto parece pero no es (2006-2007), o Paisaje Cubano. Homenaje a Jiri Kolar (2009). En esa obra finisecular, la resistencia -una palabra clave del discurso político cubano- era convertida en una espiral de hornilla eléctrica que la inventiva cubana bautizó como “resistencia”. De forma tal que lo político transformado en símbolo doméstico desmitificaba el concepto dándole otras connotaciones. La gravedad era descolocada por el choteo.

A partir de entonces, Vincench se convirtió quizás en el heredero más legítimo del arte irreverente, cáustico y contestatario de los años 80, con todo el riesgo político y estético que implica. Ese pulseo simbólico entre un discurso falologocéntrico -la lógica fálica del poder, impuesta como metalenguaje- y las narrativas sometidas, late soterrado también en la extensa muestra personal del artista cubano en la galería Virginia Miller, de Coral Gables. Pero Vincench vs. Vincench: A Disident Dialog from Cuba (Un diálogo disidente de Cuba), va un paso más allá. Más que desgastarse en el pugilismo ideológico, el artista nivela discursos, les otorga la misma importancia dentro de un cerrado universo de hegemonías, asumiendo la condición siempre subversiva y revolucionaria del arte-idea.
A la manera de Joseph Kosuth, en las piezas de arte textual que componen esta exhibición, lo vemos acorralando el significado del arte desde el lenguaje más que la apariencia -aún cuando la composición y el diseño tipográfico tengan gran importancia en su propuesta, puesto que su revelación es también un sutil juego de encubrimientos-, y manteniendo una relación crítica con la cultura y la política. La subserie Disidente (2009-2010) gira en torno a la desmitificación del término disidente -la más peligrosa de las palabras dentro de la retórica política cubana actual- y su impacto en la aldea global. Este work-in-progress incluye 14 acrílicos sobre lienzo con la definición de la palabra en diferentes idiomas, como si intentara crear una gran torre de Babel, en la que la precisión conlleva a la confusión y al caos de la glosolalia, al cosificar la palabra en mantra o laberíntico mandala tipográfico desde la imagen. Cuba y la noche (2011) es un mosaico de 100 lienzos en pequeño formato (20 x 20 pulgadas), en el que cada pieza se acopla y disiente, se aparta en su individualidad pictórica sin dejar de pertenecer a un bloque identitario.

Exile/Destierro (2011) recoge la evolución social de un concepto al que se ha despojado de su connotación política para transformarlo en emigración que esconda la violencia simbólica -y física- del desterrado. La palabra exilio es convertida en bolsas vacías de papel Craft -en la independencia de cada letra vuelve a recalcar la independencia personal imprescindible para lograr la unidad de una palabra, un concepto y hasta una nación- o la isla es transformada en “gusano”, esa pintoresca y ridícula bolsa comunitaria elaborada con tafetán negro o nailon transparente, metáfora de las pertenencias personales, la familia, la memoria, que se escapan en cada etnorragia o regresan llenas de nostalgia para alumbrar la vida económica de los que no han querido/podido partir. En esta obra matérica e instalativa, Vincench desarrolla la poética del material (nylon, papel Craft), en una cita o diálogo con Alejandro Aguilera, importante artista de los 80, ahora exiliado; recuperando su concepto de que “el tiempo histórico del símbolo es el tiempo histórico de su soporte material”. Cuba es entonces la deforme y extraña isla de tafetán y su exilio un estado de desgarramiento y vacío precario como una bolsa de papel Craft, o viceversa. Los cubanos (de adentro y de afuera) viven más que en la Era de las Tecnoutopías detenidos simbólicamente en la Edad del Tafetán y el Papel Craft.

Todas las obras expuestas forman parte de una extensa serie o línea estética que el artista ha bautizado Compromiso o ficción de la pintura, donde Vincench -que a menudo es considerado un pintor abstracto, lo que en los absurdos debates estéticos cubanos significa enajenado o descomprometido- emplaza al arte a asumir una responsabilidad intelectual, ética y artística. A asumir un compromiso social y crítico desde el arte.

Vincench trabaja y vive en Cuba. Y esto en otro contexto sería un dato prescindible, totalmente marginal. Esperemos que este excelente diálogo de disidencia no le sirva en bandeja a algún obtuso comisario intelectual la excusa para obligarlo a desertar.

Vincench vs. Vincench: A Disident Dialog from Cuba, de Jose Angel Vincench, en ArtSpace/ Virginia Miller, 169 Madeira Avenue, Coral Gables, (305) 444-4493. Hasta el 30 de enero del 2012.
Joaquín Badajoz es escritor, curador y crítico de arte. Escribe de arte para diferentes publicaciones y galerías.

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