by Janet Batet
Especial / El Nuevo Herald

La primera reacción que provocan las pinturas de Leslie Lew es la misma tentación que experimentan los niños frente a una torta de cumpleaños: quieres, subrepticiamente, meterle el dedo y arrasar con el merengue en un santiamén, mientras los demás están entretenidos en el jolgorio de la fiesta.

Y sí, no creo que haya mejor calificativo: la pintura de Lew es un cake.

Leslie Lew, Wonder Woman Making a Splash, Sculpted Oil on Canvas, 60 x 36 inches, 2012
Leslie Lew, Wonder Woman Making a Splash, Sculpted Oil on Canvas, 60 x 36 inches, 2012

Los gruesos empastes que como merengue van dibujando temas afines con la alegría de la infancia se sobreponen a una prominente capa de acrílico blanco mezclado con titanio que sirve de base a la obra. A técnica tan singular, la artista la ha bautizado como “sculpted oil”. El resultado son suculentos alto-relieves cargados de colores vivísimos y un manejo del detalle que es tratado sin jerarquías –lo cual es reafirmado por el uso de la perspectiva plana compulsando constantemente nuestra mirada excitada que saltar de un confín al otro del cuadro.

Desde el punto de vista temático, la obra de Leslie Lew (Nueva York, 1953) es un pasaje de regreso a la infancia. Inspirada en la distintiva iconografía del mass culture americano entre 1930 y 1970, Lew se apropia de personajes de Walt Disney, DC Comics, cajas de cereal de Kellogg, las archiconocidas Animal Crackers, supermercados, parques de diversiones, entre otros, para deleitarnos con mundo fantasioso a medio camino entre nostalgia e idilio. En enrevesado pastiche, coexisten en la galería superhéroes como Superman, Superwoman, Spiderman, Dick Tracy, el gato Félix, Blondie, Popeye, la pequeña Lulú y Barney Google, entre otros.

Lew, la mayor de cuatro hermanas, creció entre Nueva Jersey y Chicago. Su padre, Les Hopkins, famoso artista de Chicago que devino el ejecutivo de publicidad de la compañía J. Walter Thompson y fue responsable de muchas de las campañas de publicidad bajo las que creció la generación de los baby boomers como son los casos de Sugar Smacks, Alka Seltzer, Smackin’ Brothers y The Marlboro Man.

“Estoy atrapando recuerdos”, explica Lew. “Algunos de ellos están empezando a desaparecer”.

American Memories es el título de la muestra personal de Leslie Lew, abierta ahora al público en ArtSpace/Virginia Miller Art Galleries, en Coral Gables. La exposición que comprende una vasta selección de obras de la trayectoria de Lew es una oportunidad para acercarnos al universo de esta conocida artista del neo-pop y, a través de su obra, a la revalorización de toda esa época de oro de la cultura americana.

Lew reconoce tres influencias mayores en su obra: Andy Warhol, Peter Max y Norman Rockwell. La influencia del primero puede ser fácilmente retrasada desde las famosas Cajas de Brillo de Warhol a las cajas de cereal de Lew. Sin embargo, la motivación que subyace en estas apropiaciones es enteramente diferente. Para Lew no hay crítica sino nostalgia. No hay tampoco una intención de confrontación entre alta y baja cultura, sino todo lo contrario. En este sentido, es que la artista se siente afín a la figura de Peter Max, ícono por excelencia de los “Comic Sixties” , como se refería el mismo Max al peculiarísimo mundo de coloridas imágenes psicodélicas creado por él y que marcó toda una década. La conexión con Norman Rockwell está dada por el sustrato optimista y edulcorado con el que ambos retratan escenas típicas del estilo de vida americano.

Sin embargo, si en el universo retratado por Rockwell todavía domina el humano y la familia como centro de la propuesta, en el universo de Lew, el elemento humano ha sido sustituido por la imagen publicitaria y el mundo del supermercado. No es casual. Entre 1930 y 1950, conjuntamente con el crecimiento de medios como la radio, el cine y, más tarde, la televisión, el mundo de la publicidad generó un apetito nunca antes visto por el consumo de marcas de productos que devienen necesidad impostergable en todo hogar norteamericano. Durante estas décadas, las tiendas de víveres americanas comienzan a experimentar un giro fundamental: asistimos al nacimiento del “supermarket” y los “supercenters”. Como consecuencia, las tiendas crecen de 5 a 10 veces su tamaño, pasan del servicio al auto-servicio y aparece el “shopping cart” que junto al refrigerador cambiará los hábitos de consumos nacionales.

Leslie Lew, Sugar Smacks, Sculpted Oil on Canvas, 48 x 36 inches, 2007
Leslie Lew, Sugar Smacks, Sculpted Oil on Canvas, 48 x 36 inches, 2007

Las obras de Rockwell parecen intemporales. Justo porque lo que importa es el tiempo y el intercambio social, ya sea en torno a la mesa familiar durante la cena hecha en casa, el viaje de vacaciones o la pesca. Sin embargo, en el universo de Lew, el protagonista ha cambiado. No asistimos a la familia en torno a la cena, sino al producto en sí, suficiente, el cual, por demás, es sólo perceptible a través de su envoltorio: relamidas cajas de atractivos colores que nos prometen la satisfacción instantánea.

Y es que hay algo de agridulce detrás de la apologética nostalgia por estos suculentos cakes que a la vista nos hacen la boca agua, al tacto nos decepcionan y, por sobre todo, nos hacen reflexionar dos veces antes de abrir la próxima caja de cereales.•

Janet Batet es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe de arte para diferentes publicaciones, galerías y museos.

‘American Memories’, en ArtSpace/Virginia Miller Art Galleries, 169 Madeira Ave, Coral Gables, Fl, 33134. www.virginiamiller.com

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