Vincench vs. Vincench: diálogo de un disidente responsable

Aside

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD
Publicado el domingo, 11.06.11
Por Joaquin Badajoz

Una isla tomada estará siempre contenida y definida en su a(isla)miento, como un quiste en medio de la geografía mental, una Numancia amurallada por la retórica de turno. Esa “resistencia” ya ha sido documentada por José Angel Vincench (Cuba, 1973) en una obra temprana, De la resistencia al Folklore, parte de La huella simbólica (1995); una serie en la que se define la estética del artista, entre el arte matérico e instalativo tradicional y una exploración bidimensional que podría llamarse abstraccionismo figurativo -desarrollada extensamente en collages y lienzos de No creas en la mitad de lo que oyes sino en la mitad de lo que vez (2006), Abstracto parece pero no es (2006-2007), o Paisaje Cubano. Homenaje a Jiri Kolar (2009). En esa obra finisecular, la resistencia -una palabra clave del discurso político cubano- era convertida en una espiral de hornilla eléctrica que la inventiva cubana bautizó como “resistencia”. De forma tal que lo político transformado en símbolo doméstico desmitificaba el concepto dándole otras connotaciones. La gravedad era descolocada por el choteo.

A partir de entonces, Vincench se convirtió quizás en el heredero más legítimo del arte irreverente, cáustico y contestatario de los años 80, con todo el riesgo político y estético que implica. Ese pulseo simbólico entre un discurso falologocéntrico -la lógica fálica del poder, impuesta como metalenguaje- y las narrativas sometidas, late soterrado también en la extensa muestra personal del artista cubano en la galería Virginia Miller, de Coral Gables. Pero Vincench vs. Vincench: A Disident Dialog from Cuba (Un diálogo disidente de Cuba), va un paso más allá. Más que desgastarse en el pugilismo ideológico, el artista nivela discursos, les otorga la misma importancia dentro de un cerrado universo de hegemonías, asumiendo la condición siempre subversiva y revolucionaria del arte-idea.
A la manera de Joseph Kosuth, en las piezas de arte textual que componen esta exhibición, lo vemos acorralando el significado del arte desde el lenguaje más que la apariencia -aún cuando la composición y el diseño tipográfico tengan gran importancia en su propuesta, puesto que su revelación es también un sutil juego de encubrimientos-, y manteniendo una relación crítica con la cultura y la política. La subserie Disidente (2009-2010) gira en torno a la desmitificación del término disidente -la más peligrosa de las palabras dentro de la retórica política cubana actual- y su impacto en la aldea global. Este work-in-progress incluye 14 acrílicos sobre lienzo con la definición de la palabra en diferentes idiomas, como si intentara crear una gran torre de Babel, en la que la precisión conlleva a la confusión y al caos de la glosolalia, al cosificar la palabra en mantra o laberíntico mandala tipográfico desde la imagen. Cuba y la noche (2011) es un mosaico de 100 lienzos en pequeño formato (20 x 20 pulgadas), en el que cada pieza se acopla y disiente, se aparta en su individualidad pictórica sin dejar de pertenecer a un bloque identitario.

Exile/Destierro (2011) recoge la evolución social de un concepto al que se ha despojado de su connotación política para transformarlo en emigración que esconda la violencia simbólica -y física- del desterrado. La palabra exilio es convertida en bolsas vacías de papel Craft -en la independencia de cada letra vuelve a recalcar la independencia personal imprescindible para lograr la unidad de una palabra, un concepto y hasta una nación- o la isla es transformada en “gusano”, esa pintoresca y ridícula bolsa comunitaria elaborada con tafetán negro o nailon transparente, metáfora de las pertenencias personales, la familia, la memoria, que se escapan en cada etnorragia o regresan llenas de nostalgia para alumbrar la vida económica de los que no han querido/podido partir. En esta obra matérica e instalativa, Vincench desarrolla la poética del material (nylon, papel Craft), en una cita o diálogo con Alejandro Aguilera, importante artista de los 80, ahora exiliado; recuperando su concepto de que “el tiempo histórico del símbolo es el tiempo histórico de su soporte material”. Cuba es entonces la deforme y extraña isla de tafetán y su exilio un estado de desgarramiento y vacío precario como una bolsa de papel Craft, o viceversa. Los cubanos (de adentro y de afuera) viven más que en la Era de las Tecnoutopías detenidos simbólicamente en la Edad del Tafetán y el Papel Craft.

Todas las obras expuestas forman parte de una extensa serie o línea estética que el artista ha bautizado Compromiso o ficción de la pintura, donde Vincench -que a menudo es considerado un pintor abstracto, lo que en los absurdos debates estéticos cubanos significa enajenado o descomprometido- emplaza al arte a asumir una responsabilidad intelectual, ética y artística. A asumir un compromiso social y crítico desde el arte.

Vincench trabaja y vive en Cuba. Y esto en otro contexto sería un dato prescindible, totalmente marginal. Esperemos que este excelente diálogo de disidencia no le sirva en bandeja a algún obtuso comisario intelectual la excusa para obligarlo a desertar.

Vincench vs. Vincench: A Disident Dialog from Cuba, de Jose Angel Vincench, en ArtSpace/ Virginia Miller, 169 Madeira Avenue, Coral Gables, (305) 444-4493. Hasta el 30 de enero del 2012.
Joaquín Badajoz es escritor, curador y crítico de arte. Escribe de arte para diferentes publicaciones y galerías.

Five Abstract Visions

Aside

Andy Moses, Departure at Dawn, 20 x 30 inches, 2007, Acrylic on Concave Canvas

Andy Moses, Departure at Dawn, 20 x 30 inches, 2007, Acrylic on Concave Canvas

By Margery Gordon
Published in ARTnews

The quintet of abstract painters sharing this space use distinct techniques that complement one another’s work and ultimately amplify the impact of each individually.

The compositions of Andy Moses and Linda Touby share a motif of horizontal bands of color. Touby’s thick swaths of primary and earthy hues come together in rough edges that reveal distressed layers. This ongoing series, titled “Homage to Giotto,” evokes the texture of eroding frescoes. In contrast, Moses (son of Los Angeles painter Ed Moses) applies aerospace paints in thin strokes to create subtle gradations of color that achieve a shade-shifting effect, especially on the concave surfaces of Departure at Dawn (2007) and Nocturne Latitude 20 30 03 (2008).

While those works hint at aeronautical views, this subject is treated more literally in the fluorescent-tinged paintings of Florian Depenthal, a German glider pilot. Some of his paintings’ vertiginous angles and mysterious forms are inspired by his airborne perspectives of the earth’s planes and by everyday shapes distorted by distance. His recent bright canvases give way to the dark, moody 1995 gem Fellow Conspirator, which is tucked into a back corner to allow for solitary contemplation.

Michelle Concepción paints mysterious dreamscapes resembling blood platelets enlarged under a microscope. A video documents how she delicately drips semitranslucent acrylic pigments onto canvas, letting the biomorphic blobs change color as they drift across one another in ever more layers. This engagement with the accidental contrasts with Aaron Karp’s optical illusions, exuberant works featuring celestial shapes overlaid with painted screens that look like raised rectangles. The resulting wavy grids make the saucers and stars in Cuchara Dancer (2004) and Dry Smokey (2004) appear three-dimensional.

This smartly curated show lets each artist shine individually while highlighting the subtle connections linking their diverse styles.

Joyas Latinoamericanas

By Janet Batet
Posted in Art Pulse Magazine

Under the suggestive title “Joyas Latinoamericanas” (Latin American Jewels), Art Space Virginia Miller Galleries, in Miami, offered us a balanced account of the contemporary art in the region. The presence of great figures, such as, José Clemente Orozco and Francisco Toledo (Mexico); Gina Pellón and Wifredo Lam (Cuba); Ramón Oviedo (Dominican Republic); Elmar Rojas (Guatemala), coexists in frank dialogue with mid-career artists like Michelle Concepción (Puerto Rico), Marco Tulio (Colombia), Humberto Castro (Cuba), Mateo Argüelles Pitt (Argentina), Enrique Campuzano and Soledad Salamé (Chile), Sergio Garval (Mexico).

Passing the threshold of the gallery, the viewer is challenged by a small vibrant jade green rareté. Untitled, 1978, Gunther Gerzso (Mexico, 1915-2000) arouses particular interest. This lovely painting is unusual due to its small size (only 6 ½ x 6 ½ inches). Gerzso’s pictorial universe is characterized by the use of space as a dramatic compositional element. Consequently, the medium or large-scale emphasizes the monumental nature of his proposal. It is a universe dominated by the geometric abstraction, where greens, ochres and blues create enigmatic compositions: architectural structures that seem inspired by the colossal pre-Columbian Mexican heritage; topographies of the vast and disparate Mexican landscape where woodlands, sea and desert become unfathomable forces and archetypes of the soul.

El Cano mudo, 1993, is a fury. The imposing expressionist painting by Arnaldo Roche-Rabell (Puerto Rico, 1955) captures our attention at once. A whirlwind of strident, hurtful yellow lines, takes us into the excitement and frenzy of a cockfight, where everything is dominated by passion, that passion that only stops at death. The canvas appears as a snapshot of the climax moment of the fight where individuality disappears to embody one unique entity, a single delusional force: tremendous, fiery, fatal. Roche-Rabell’s artworks are the result of the tremendous collusion -and collision- between the popular imagination and reality. The rites and traditions of the Borinquén become a metaphorical point of departure for the tireless scrutiny of the forces, fears and passions of man.

Sharing the same room, in an obvious face-to-face contrast, highlights the almost mystical quietness of On the Center: A Tree, 1990. This canvas is the expression of a fundamental concern, which has guided Antonio Henrique Amaral’s artistic production over the years: the devastating and disastrous deforestation of the Amazon. The tree in the center is almost a deity, an object of worship, an animistic force and the pinnacle of the history and culture of one of the world’s last natural places of refuge. The oppressive metal teeth of the saw fence act as a threatening decorative border, which irreverently menaces the survival of core values: our nature and mystic legacy.

Soledad Salamé (Santiago, Chile, 1972) delights us with her very eloquent video Fusión (Fusion), a testimony to her environmental interests – the poetic and continually changing abstract compositions generated by the constant flow of rhythm in the song of life: the precious nature of water presented as a vital, animated element and a metaphor for memory and remembrance. This ecological interest has guided Salamé throughout her entire career, appearing as a recurring element in her paintings, photographs, videos and sculptures. Concerns like global warming, contamination, and solar energy distinguish her very contemporary poetics. Her fascination with time – another essential, natural component latent in all her works – finds perfect fulfillment in her multimedia artwork, where rhythm, sequence and interdependence speak to the interrelatedness of the world we inhabit.

“Joyas Latinoamericanas” is a balanced, interesting selection, as well as a graceful polyphony of the contemporary art of the region.

Visiones abstractas: cinco caminos a la imaginación

By Janet Batet
Published by El Nuevo Herald

Aaron Karp, Cachara Dancer, acrylic on canvas, 52x48 inches, 2004

Aaron Karp, Cachara Dancer, acrylic on canvas, 52x48 inches, 2004

El Arte abstracto como lenguaje visual tiene la peculiaridad de haberse desprendido del pesado fardo de la representación visual. Así, línea, color y textura se confabulan para crear universos disímiles donde el espacio y la tensión entre elementos constitutivos es fundamental. Del efectivo manejo de estos componentes, depende definitivamente el éxito de la obra abstracta y su poder evocador.

Five Abstracts Visions (Cinco visiones abstractas) es el título bajo el cual la galería ArtSpace/Virginia Miller, con sede en Coral Gables, nos ofrece las visiones de cinco pintores abstractos con propuestas bien diversas. La exposición constituye una oportunidad para acercarse a artistas en plena expansión de sus carreras cuya pasión por la abstracción los ha llevado a la creación de propuestas bien personales y sugerentes.

Andy Moses (Los Angeles, 1962) and Michelle Concepción (Puerto Rico, 1970) parecen interesados en explorar la abstracción como desafío a la limitación natural de la pintura: su bidimensionalidad. Ambos juegan con las nociones de profundidad y movimiento exigiendo un espectador activo y los dos están interesados en la exploración del cosmos.

Michelle parece atraída por la microescala. Sus pinturas parecen vistas obtenidas a través de un microscopio que nos permite acceso al mundo insospechado de organismos unicelulares, protozoarios, que se acompasan en grácil movimiento. La obra de Moses, en cambio, participa del denominado flow painting, una pintura interesada en la impresión de movimiento continuo o flujo. Moses se vale de pintura traslúcida y perlada. El tiempo de preparación del pigmento es esencial así como la viscosidad que va ganando el mismo. Todo ello, aunado a la luz –en tanto elemento constitutivo de la obra– genera una composición siempre cambiante. A ello contribuye el uso de la superficie cóncava que amplifica la sensación de fluido que el espectador experimenta mientras se traslada de un extremo a otro de la obra. Inspirado en fenómenos físicos y naturales, la obra de Moses es una experiencia gratificante.

Florian Depenthal, 54 x 42 inches, Shattered Splendor, 1993, Oil on Canvas

Florian Depenthal, 54 x 42 inches, Shattered Splendor, 1993, Oil on Canvas

Por su parte, la propuesta de Aaron Karp, pintor americano que ha vivido en Nuevo México por más de 30 años, nos introduce en un complejo entramado multicolor. Copioso tejido potenciador de ritmos y combinaciones cromáticas riquísimas, los cuadros de Karp son el pasaje propicio a mundos de ensoñación donde el elemento lúdico destaca. Sus lienzos parecen por momentos fabulaciones arquitectónicas: cúpulas caprichosas de ascendencia morisca o complejos mosaicos. Otras veces, el elemento musical se impone por el juego con el tempo –armónicos y disonancias– que anima su obra.

Por último, las propuestas de Florian Depenthal y Linda Touby encuentran como punto de comunión el rejuego con el elemento textural en tanto medio expresivo fundamental.

Linda Touby, Homage to Giotto 414, Oil and Wax on Canvas, 56 x 56 inches, 2009

Linda Touby, Homage to Giotto 414, Oil and Wax on Canvas, 56 x 56 inches, 2009

Los deslumbrantes lienzos de Florian Depenthal (Karlsruhe, Alemania, 1955) denotan una alta carga expresiva. El pigmento es aplicado con espátula dejando la huella enfática del estado anímico que motiva cada trazo. El artista, sin embargo, a ratos se detiene en pequeños detalles, raspando aquí y allá con el mango del pincel, dejando pequeñas notas cifradas dominadas por un acento íntimo. Los títulos dejan a veces entrever conexiones con el mundo real que inspira al artista. Tal es el caso de Splendor (Esplendor), 1993.

Al adentrarse en la sala, el espectador queda cautivo de la obra de Linda Touby (Nueva York, 1946). Su propuesta engrana en la tradición del expresionismo abstracto americano, lo mismo que su formación. Touby estudió en la Art Students’ League (Liga de Estudiantes de Arte) de Manhattan teniendo como compañero de clases a Richard Pousette-Dart, uno de los miembros más jóvenes de la Escuela de Nueva york. De proporciones medianas, la colosal propuesta está impregnada de una fuerza evocadora impresionante que nos transporta a través del tiempo y la Historia del Arte hasta la Edad Media tardía. Su más reciente serie Homage To Giotto (Homenaje al Giotto), es el resultado del paciente estudio de la obra del maestro italiano.

Andy Moses, 20 x 30 inches, Departure at Dawn, 2007, Acrylic on Concave Canvas

Andy Moses, 20 x 30 inches, Departure at Dawn, 2007, Acrylic on Concave Canvas

La serie destaca en primera instancia a nivel táctil. Touby ha logrado recrear la sensación de la pintura al fresco. Este procedimiento pictórico mural a base la cal y pigmentos minerales fue empleado desde la Antigüedad. De gran resistencia al paso del tiempo, debemos a esta técnica una parte considerable del legado artístico que llega a nuestros días. Avida investigadora del color y las posibilidades de los pigmentos, Touby consigue recrear la peculiar atmósfera del fresco a partir del óleo y la cera. La artista selecciona meticulosamente los colores empleados atendiendo a la técnica recreada y a la paleta del artista homenajeado en la serie.

Michelle Concepción, Blue across with yellow and orange, 59 x 39.25 inches, acrylic on canvas, 2007

Michelle Concepción, Blue across with yellow and orange, 59 x 39.25 inches, acrylic on canvas, 2007

Su obra participa de un rejuego con la historia, fabulando con la abstracción y la figuración. De gran nivel alegórico, sus tranquilas composiciones de franjas horizontales de colores de evocación mineral, nos traen de regreso a un paralelo más cercano (muchos son los que ven en la obra de Touby la presencia de Rothko). Es curioso como la artista ha logrado desde el lenguaje abstracto, resumir el hálito subyacente en la obra figurativa de Giotto a través de la simulación de la técnica, la cuidadosa selección del color y el trabajo por franjas que nos recuerda el uso fragmentado del plano en el maestro italiano como sugerencia de perspectiva.

Five Abstracts Visions es una travesía agradable para el ojo avisado y para el amante general del arte, uno de esos viajes que no deberíamos privarnos.

`Five Abstracts Visions’, en ArtSpace/Virginia Miller Galleries, hasta el 20 de febrero, 169 Madeira Avenue, Coral Gables, 33134. http://www.virginiamiller.com, (305) 444-4493.

Christian Science Monitor Features Marco Tulio

Marco Tulio, Untitled, 57 x 64 1.4 inches, 2007, Oil on Canvas

Marco Tulio, Untitled, 57 x 64 1.4 inches, 2007, Oil on Canvas

A major article in the Christian Science Monitor (The heart of Latin art By Gloria Goodale) on the unprecedented number of major exhibitions of Latin American art around the nation features a painting by Marco Tulio and quotes a museum director who singles it out as an example of magical realism.

La Montera” (The Bullfighter’s Hat”) depicts a pensive young woman draped in a sheet, seated in a bullfighting ring. Near her are flower petals and the toreador’s cap. His cape is draped across a nearby barrier. Looking on are two sinister characters, one holding a scythe.

The painting is one of the six loaned by ArtSpace/Virginia Miller Galleries to the Naples Museum of Art for its “Latin American Painting Now” exhibition of works by 50 artists being shown until Jan. 10th. The newspaper article states:

“The contemporary Latin American artists on display at the Naples (Fla.) Art Museum vividly carry forward many of the characteristics that have traditionally defined Latin art. ‘Vibrant colors, figurative imagery, and a joyful embrace of everyday objects,’ says director Michael Culver.

“He points to such artists as Marco Tulio, whose work ‘The Bullfighter’s Hat’ offers a contemporary spin on traditional elements of Latin American art. ‘He paints like the old masters with layers on layers that create a fine, wonderful surface that looks immaculate – almost like a photo – but also almost surreal in the way he places the object,’ says Mr. Culver, adding that it also evokes another traditional Latin theme — magical realism, in which simple objects take on meaning.”

Other paintings from the gallery loaned to the Naples exhibition are by Alfredo Arcia, Humberto Castro, Michelle Concepción, Ramón Oviedo and Elmar Rojas.

The Art of Recession at Virginia Miller Galleries

Joyas Latinoamericanas

Joyas Latinoamericanas

‘Straw turns to gold in the Gables’
By Carlos Suarez De Jesus,
published: June 18, 2009, Miami New Times

Leave it to Virginia Miller to find the silver lining in an economic storm.

Despite the tribulations of the art world in an increasingly stagnant sales environment, the Coral Gables dealer is putting on an eclectic summer group show. Just don’t call it a clearance blowout, please.

Where most dealers wouldn’t dare exhibit the work of masters alongside that of relative unknowns, Miller welcomes the risk with aplomb in “Joyas Latinoamericanas,” an exhibit including paintings by titans Wifredo Lam and José Clemente Orozco smack next to whippersnappers such as Marco Tulio and Sergio Garval.

The show features mostly paintings, by more than a dozen Latin American artists, spanning nearly 80 years. It’s presented in a cavalcade of styles that blend surprisingly well thanks to Miller’s deft eye.

Miller says that because of the recession, private owners are offloading long-cherished works, in some cases masterpieces, offering the general public a chance to see art previous off-limits.

Among the highlights of the exhibition is a 1930 oil-on-canvas titled Dama Sofisticada (Sophisticated Dame), created with rough, slashing strokes by the late Mexican muralist Orozco. The hardcover-size work depicts a peasant woman whose face is seen from a side view and loosely rendered in thick, irregular red, orange, and turquoise daubs of paint. Her tangled raven tresses are suggested by a tarry black wash.

Also on view is a handful of Lam paintings, including an unusual early gouache-on-cardboard from 1942. Lam, who freighted his paintings with rich Afro-Cuban symbolism, evokes a tenebrous penumbra of light and darkness in a 1970 three-foot oil-on-canvas — depicting a totemic, stylized bird — that exudes a mysterious, almost primitive veneer.

Lam’s eerie fowl nearly suffers by comparison next to Arnaldo Roche Rabell’s painting of a fighting cock. The dynamic bed sheet-size expressionistic work bristles with a rustic barnyard vibe. El Cano Mudo is rendered in a dizzying swirl of yellow, orange, red, purple, and blue tones that powerfully rip across the canvas to convey a sense that the rooster is about to burst from the surface. The Puerto Rican painter’s opus seems scratched out from sun-baked soil.

Across from it, Guatemala’s Elmar Rojas is represented by three oils from 1991 that refer to the folklore of his homeland. The artist furiously works over his canvases with paint and then repeatedly sands them down until their bright, bejeweled surfaces feel like kid lamb Gucci leather to the touch. One of these works, ironically titled El Gran Consejo de Espantapájaros (Grand Counsel of Scarecrows), depicts what appear to be shamans gathered at a seashore. It’s a stunning tropical palette reminiscent of Rufino Tamayo’s work.

Another artist who seduces the senses is Brazil’s Antônio Amaral, whose phosphorescent, five-foot canvas, On the Center: A Tree, offers a stinging commentary on the rapacious deforestation of the Amazon. The painting’s edges are surrounded by a menacing rusty sawtooth border buzzing into an inner tree canopy of lush emerald leaves that frame a solitary burning tree trunk. The trunk glows bright red at the center of the composition. Its branches are tipped by billowing clouds of smoke.

Among the younger, mid-career artists on display is Argentina’s Mateo Arguelles Pitt, who often uses pugilists in his whimsical, deceptively simple paintings as a metaphor for confronting the challenging vagaries of life. One of his large mixed-media-on-panel works, Miércoles 3 (Wednesday the 3rd), portrays a Lilliputian palooka standing in front of a heavy punching bag that dwarfs him. The boxer is unfazed and holds outs his mitts as if ready and eager to tackle his daunting exercise and deliver a knockout blow.

Mexico’s Sergio Garval also packs a punch. His wall-swallowing, lavishly textured painting The Cord features a woman trying to balance herself like a trapeze artist on a stack of ornate furniture floating in a dazzling mother-of-pearl-hued void. The artist seems to be hinting at overcoming adversity against the odds.

Garval’s work is among the most beguiling on exhibit, drawing the viewer like a moth to a flame. An arresting charcoal-on-canvas painting titled The Corporation-Reconstructing Eden is remarkable for its exquisite execution and the haunting imagery of a dystopian world. It shows the burned-out shells of cars crowned by rotting potted plants and zombie-like people walking atop the rusted hulks while dreaming of re-creating paradise anew. The work’s discomfiting tones convey notions of the automobile industry in crisis or the aftermath of a natural disaster.

While at the gallery, slip into the rear storage area for a glimpse of Marco Tulio’s eerie, almost operatic vision of the consequences of a bullfight gone awry. In La Montera, the matador is nowhere to be seen, but a naked young woman, cocooned in a white shawl and sporting a sardonic grin, kneels in the ring. Behind her, two dastardly oafs, with malice dripping from their lips, leer at the clueless girl. One of the men hides a scythe behind his back as if contemplating severing her head. The self-taught Colombian artist, whose parents are both painters, has an incredibly gifted hand and quite an eye for heightening the sense of drama in his images.

On the way out, don’t miss Mexican master Gunther Gerzso’s luminous abstract geometric painting, measuring slightly larger than your average postcard and dating from 1978. The rare and precious gem makes a compelling argument for visiting the gallery’s trove — not to mention witnessing Miller’s knack for turning a potentially straw proposition into gold.

Colombian Surrealist Marco Tulio


ArtSpace/Virginia Miller Galleries regularly exhibits the work of Colombian painter Marco Tulio in its group exhibitions of Latin American artists as well as at such expos as the 2008 Bridge Art Fair during Art Basel Miami Beach and at Arteaméricas, the annual Latin American art fair.

Tulio’s stylized, surrealistic paintings have been described as “magic realism” reminiscent of the literary works of his countryman, Gabriel Garcia Márquez.

Rod Drown, editor and publisher of the popular blog “Muse Views,” writes that Tulio “achieves a quality of heightened reality. He has a refined skill at presenting archetypal forms within the painting that, although subtle and nuanced, are accessible to close observation.”

Drown goes on to describe the three triangular shapes that form the composition of one of Tulio’s paintings, and notes that “in Buddhist philosophy, geometry and symbolism are the means whereby all spiritual facts are expressed, and through which they are to be interpreted. The set of three is the triad in which is expressed the triple nature of the manifested soul” and that whether or not the artist composed the painting in this manner, “Tulio’s discerning use of geometry and symbolism characterizes his mental state,” which he suggests was “a religious state of mind—and, in a sense, (he) painted an icon.”

At the conclusion of his lengthy article, Drown observes that in recent years, Tulio did a number of paintings for the Vancouver Opera Society. Several of them, including works depicting leading characters from “Madame Butterfly” and “A Masked Ball,” are included here

Humberto Castro: lo socialeconómico y político del símbolo

by Alfredo Triff
ARTES Y LETRAS
Especial/El Nuevo Herald

Humberto Castro

Fábulas contemporáneas es la última muestra de Humberto Castro que acaba de abrir en la ArtSpace/Virginia Miller Galleries, de Coral Gables. Además de sugestiva –por el alcance de su material temático–, la exploración simbólica de esta serie de óleos, ofrece la oportunidad de contrastar el trabajo siempre cambiante de este artista cubano-francés-americano.

Nacido en 1957 y miembro importante de la llamada ”generación de los 80” en Cuba, Castro viaja a París en 1989, hasta 1999 cuando, en segundo exilio, se muda para Miami. La pintura e instalación del Castro de los años 80 enfatiza el tema de la violencia. Inspirada acaso por la exterminación de la población indígena en Cuba (de acuerdo a Luis Camnitzer en su libro The New Art of Cuba). La caída de Icaro en la Segunda Bienal de La Habana (1986) o Los lobos y el hombre (1988) del artista acusan una inspiración neoexpresionista. Son figuras en eclosión, casi-aliens, desnudas, andróginas, provocadoras. En aquel entonces Castro dijo: “La violencia es el arma más elegante”.

Una vez en París su lenguaje se hace más dúctil y abstracto. La violencia cede, se transmuta en una mítica subjetiva. Es casi-grafía pictórica solipsista. El otrora híbrido producto del desborde (de la instalación) se condensa e interioriza. La obra se hace menos teatral y más psicológica. Las caras desaparecen y lo andrógino se hace animal. Los grupos humanos se disuelven; los torsos se metamorfosean.

Durante los años 90 hubo aspectos de esa referencia simbólica en Castro que no cuajaron. ¿Por qué? No le sería fácil al artista sintetizar ese estilo de violencia en una capital europea con ecos de famas perdidas, donde el otrora potente neoexpresionismo ochentoso del contexto cubano se diluía en el pop de la llamada Figuration Libre. Acaso intuía el pintor que el neoexpresionismo como discurso pictórico estaba agotado.

Esa búsqueda de la figuración mítica (de Castro en París) puede explicarse con la ayuda de Roland Barthes. Según el pensador francés, la abstracción del mito trae consigo cierta subjetivización e interiorización del placer. De ahí que la pintura castriana de los años 90 tempranos (donde el símbolo del caracol deviene en cifra exegética) ha sido descrita por otros críticos como ”sensual”, pero a expensas de cierto extrañamiento (¿socio-político?) de la sensualidad misma. De hecho, otra exiliada del comunismo en París, la artista yugoeslava Rasa Todosijevic, pocos años antes, declaraba en su manifiesto ¿Quién gana con el arte?, algo que le hace paralelo: “Lo difícil es crear cuando el contexto real desaparece y se imponen las íntimas fronteras”.

Inmediatamente después de la crisis de los balseros de esta década, la obra de Castro da un giro. Es como si el pintor regresara a su raíz mitológica hacia un temática más cercana –1999 le trae otro exilio al sur de la Florida.

En Miami Castro retoma la instalación en su The Wailing Wall de 2001 y The Bait y The Hunter, ambas de 2003. La imagen del minotauro parisino sufre una transformación a la inversa: Ahora es hombre con patas de toro. Aparece nueva protagonista: la mujer. El balsero se existencializa –y globaliza (en busca del norte). Las caras reaparecen, las figuras se multiplican. Surge la maleta como símbolo en la instalación casa/maletas Home Sweet Emoh.

Castro aprovecha la crisis post-capitalista global para implosionar lo político con lo económico. En nuestro presente distópico tanto el emigrante como el refugiado comparten un mismo paradigma. La pobreza y la falta de libertades tienen el mismo origen. La maleta, más que equipaje, deviene en la propia casa a cuestas.

Fábulas contemporáneas, con obras hechas entre el 2007-2008, manifiesta un desarrollo simbólico más maduro. La exhibición exuda una atmósfera poética donde lo real/natural evoca el ritual íntimo, lo que Valery llamara la plus vague, que es la representación del estado sonámbulo.

El show se mueve entre los tonos verde, rosado y azul. Y el pintor aborda la problemática existencial del sujeto, la pareja y la sociedad. Predominan el bosque, el agua (el mar), la edificación –alegorías incuestionables. En el símbolo remamos, jugamos a volar, a la guerra, esculpimos en árbol, y nos perdemos en el bosque. Hope muestra al balsero que guía su bote/árbol florecido en mar ralo de nadie. Babel es una torre zigurat de maletas, vista desde la altura; individuos allá abajo, minúsculos, asombrados, extraviados. Sailors presenta un grupo de hombres/botes caminando-navegando despistados en medio de la expansión azul del mar. En El bosque encantado siempre estamos rodeados, en medio de hombres-árboles. En medio de un mundo salvaje, existe la posibilidad de una reunión reveladora en Encuentro en el bosque.

La mujer desnuda, suspendida sobre la cama en medio del cuarto, el cabello largo colgando en The Journey, trae la invocación del poeta simbolista ruso Alexander Blok, cuando, dirigiéndose a la naturaleza/mujer dice: “`Feminidad eterna, elévanos”.

No es fácil mantener el mismo nivel de condensación entre tantas obras. Prefiero cuando el signo castriano se hace menos obvio, cuando habita lugares inauditos –y hasta chocantes. Lo impredecible de la superimposición y la extrañeza es en este caso la mejor arma de Castro.

Con el símbolo a cuestas, esta obra de Castro se mantiene lírica, vigente y arcana. Y no es para menos. Decía Mercia Eliade que el símbolo “puede llevarnos al aspecto más profundo de la realidad y la modalidad más oculta del ser”.•

‘Fábulas contemporáneas’ de Humberto Castro, hasta el 31 de octubre, ArtSpace/Virginia Miller Galleries, 169 Madeira Avenue, Coral Gables, (305) 444-4493, <www.virginiamiller.com>.

Abstracciones suspendidas: Michelle Concepción

Over and over7, 60 x 40 in, acrylic on canvas, 2007

ARTES Y LETRAS
Por JANET BATET
Especial/El Nuevo Herald

Silencio, sosiego, deleite. Si hay un sesgo para la meditación y un reconciliador viaje interior, tan necesario y siempre relegado por las premuras de la vida cotidiana, este privilegiado momento lo pone ahora a nuestro alcance Art Space, Virginia Miller Gallery. Volver: recent paintings es el título de la muestra personal de Michelle Concepción, cuyo sentido por la composición, y el juego con las formas y el color, crean universos de gran poder evocador.

Mucho se ha conjeturado sobre la naturaleza de la obra de Concepción. Algunos parecen descubrir elementos microcelulares; otros, galácticos. Lo cierto es que, independientemente de la micro o macro escala inferida, su pintura, altamente sugerente, ofrece al espectador el camino propicio a la imaginación y el pleno goce de la forma per se.

Los cuadros, la mayoría de gran formato, están casi siempre poblados por formas abstractas, reminiscencias ovoides o suertes de paramecios, rocas o asteroides suspendidos. Otras veces, como en la obra Twist, trazos de movimientos, como estelas de trayectorias que fueron animan el ojo del espectador, presa de la travesía. En este sentido, las obras bien parecieran la impronta de la exposición en una cámara oscura, donde el movimiento del sujeto fotografiado deja una especie de secuela que más tarde le definirá, cuando ya no esté presente.

Michelle Concepción introduce, de esta manera, una nueva dimensión de la que poco se ha hablado en su obra: el tiempo. Sus cuadros, impregnados de la noción de movimiento, insinúan formas que navegan, sin prisa, en consonancia absoluta. Esta idea de tiempo es reforzada con un recurso sinestésico: la sensación espacial, tridimensional, donde el fondo dominantemente negro y la superposición de formas logran la efectiva sensación de profundidad y el medio propicio para la danza de forma y color a la que asistimos. El hecho de que Michelle haya dado el título de Volver a la muestra emplaza también nuevos niveles de lectura asociados una vez más a la dimensión temporal, donde microcosmos y macrocosmos se imbrican en un sugerente discursar.

Si en su etapa precedente todavía la artista estaba más apegada al dibujo, al trazo de realidad, a la representación, ahora Michelle Concepción nos ofrece una obra mucho más depurada, con un estilo más personal alcanzando, a mi juicio, su madurez como artista. Atendiendo al color, dos tipos de obras saltan a la vista, una monocroma, donde el gusto por la paleta de grises es una constante, y otra donde la explosión de colores radiantes se impone. Limas, aquas, bermellones, naranjas encendidos coexisten, se superponen y fusionan a ratos a través de transparencias que sugieren, a veces, el elemento acuoso como medio dominante; otras, las formas parecen suspendidas, como flotando en el éter.

El proceso de producción de la obra es tan estético que parece en sí mismo un performance. En la presente muestra, un video expuesto al público, registra a la artista en plena faena creativa: movimientos sinuosos, de amplias curvas, cadenciosa danza entre la artista y el lienzo que garantizan el nacimiento del grácil universo que conforma la obra de Michelle Concepción.

La artista ha apuntado lo complejo del proceso creativo de sus cuadros que puede llegar a tomar varios meses, y hasta un año. Dispuesto el cuadro sobre el piso, múltiples son las capas de pintura que, como estratos o sedimentos que el tiempo va dejando, la artista imprime al lienzo. Tanto es magnificado ese tiempo, que puede hablarse por momentos de un tiempo suspendido, y es justo en esos momentos más logrados que alcanzamos la comunión más completa con la forma pura, desprovista de cualquier referencia cotidiana, ese momento mágico en el que somos nosotros y sólo nosotros frente al acto estético más puro.

Sin duda, el carácter evocador es el leitmotiv de la obra de Michelle Concepción donde, a partir del elemento mínimo –textura, color y luz–, la artista logra hacer sentir en el espectador las más disímiles sensaciones, todas válidas.

Conocida en el circuito europeo, principalmente en Alemania y España, donde ha presentado varias muestras individuales, la artista realiza, con Volver: Recent Paintings, su primera exposición individual en suelo americano, aún cuando su obra nos sea ya familiar a través de varias muestras colectivas a nivel nacional.•

Volver: Recent Paintings‘ de Michelle Concepción. Hasta el 26 de septiembre. ArtSpace/Virginia Miller Galleries, 169 Madeira Avenue, Coral Gables, (305) 444-4493).

Humberto Castro

por Irina Leyva
ArtNexus No. 64 – Dic 2006

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Una retrospectiva de la obra de los últimos quince años del pintor cubano Humberto Castro se inauguró en la Galería Virginia Miller de Coral Gables. Titulada “Humberto Castro: pinturas y dibujos, 1990-2006”, la muestra consistió en diecisiete obras; de ellas, catorce pinturas y tres dibujos.

En esta exposición pueden delimitarse estilísticamente tres períodos: uno que comprende las obras de 1990, uno segundo de 1993 a 1994, y el tercero, a partir de 1995. Las obras de 1990 cubren el proceso de transición entre la década de los ochenta; y las que vendrían después, a partir de 1993. Las figuras todavía tienen puntos de contacto con el estilo bad painting por el que era conocido Humberto Castro en los ochenta, mantiene el colorido brillante pero a la vez empezamos a ver la distribución espacial que caracterizaría su obra en el futuro. De esta transición hay dos obras en la retrospectiva, El pez de hierro y La casa de virgo.

Entre 1993 y 1994, las obras que produce resaltan por su lirismo. Durante este tiempo hace obras en las que exploraba el filosófico tema del minotauro en su laberinto. Cuerpos contorsionados mostraban de cierta manera las inquietudes internas del artista, sus preocupaciones existenciales devenidas de su condición de exiliado, ya que por estos años estaba viviendo en París. En la muestra se presentaron dos piezas en tela de esta etapa, ambas de 1994, tituladas La espiral eterna y Viaje imaginario. Estas obras son de gran formato y con una paleta de colores reducida con respecto a sus obras anteriores. Se caracterizan por una combinación de rojo/carmelita con ocre, dando como resultado un contraste dramático.

Los tres dibujos de la exposición son de este período, dos de 1993 y uno del 1994. Ejecutados en tinta, las figuras están solucionadas a partir de una combinación de sombras y contornos, dando la sensación de estar flotando. El tema de los dibujos continúa siendo el del minotauro, temática que exploró extensivamente en la serie producida entre estos dos años.

A partir de 1995 comienzan a advertirse cambios estructurales y en su paleta. Se simplifican las líneas para dar paso a un nuevo uso de colores más puros y fuertes, probablemente una consecuencia de su retorno al trópico, ya que, en 1999, Humberto Castro se muda permanentemente de París a Miami. Estos cambios son más visibles en las piezas del año 2000, en las que los fondos son de colores más planos y las figuras comienzan a aparecer más aisladas, reflejando un período de introspección. Continúa con sus exploraciones del cuerpo humano y sus indagaciones filosóficas, haciéndose más latente el tema del exilio, iconográficamente más visible a través de símbolos bien concretos. Entre estos símbolos se destacan botes, la presencia del mar y mapas de Cuba. Entre las obras que resumen este estado de ánimo pueden mencionarse dos específicamente: Sueño transcurriendo, de 1995, en la que plasma una figura en posición fetal en un bote, en un viaje onírico a sus orígenes; y La lección de anatomía, de 2000, en la que se delimita el mapa de Cuba en una silueta con una máscara.

De las obras en las que trata las consecuencias del exilio podríamos citar dos en específico. Una de ellas es Comme des poissons, de 1998, en la que aparecen dos figuras, criaturas híbridas mitad humanas, mitad pez, y viceversa; en el medio de ambas, un péndulo. Humberto Castro habla de la evolución de cada uno, de las respuestas ante diferentes aspectos de la nueva vida a la que nos enfrentamos una vez que emigramos. Las caras son desdibujadas, carentes de una identidad, una alusión al proceso de transformación por el que pasa cada uno en su nueva vida. Otra obra que toca esta temática es Traversee, de 2000, en la que aparece una figura humana con un caracol a cuestas, hablando de la perpetua movilidad y la inestabilidad del exiliado.

En sentido general, la muestra fue cuidadosamente preparada teniendo en cuenta una selección balanceada de las obras del artista. Puede apreciarse una característica que unifica toda la obra de Humberto Castro, independientemente del estilo y período de creación, y es el carácter autobiográfico de la misma, manteniendo como tema central al ser humano y sus emociones. Esta retrospectiva marca el final de una etapa creativa en su carrera y el comienzo de una nueva.